
Ayer era tarde de toros en Zaragoza, Feria del Pilar 2005, y un buen cartel estaba anunciado para la tarde, el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, de Tafalla, probablemente el mejor rejoneador de todos los tiempos; y los novilleros Cayetano Rivera Ordóñez, hermano, hijo, sobrino y nieto de toreros, heredero de una de las genealogías toreras de más solera que se pueden encontrar y nieto del mismísimo Luis Miguel Dominguín, y Cuevas, una joven promesa local, que apuntaba muy buenas maneras.
La tarde fue una de las más entretenidas que he disfrutado en los últimos años. Yo he visto bastantes corridas, pero la tarde de ayer fue memorable, porque hubo 7 orejas, dos de los espadas salieron a hombros... especial.
Hermoso de Mendoza, hizo gala de esa fantástica cuadra que tiene, los caballos que sacó dieron un espectáculo de doma y de facultades. Corrían de costado más deprisa que el toro de frente, ponían banderillas al quiebro frente a los pitones del toro, y se giraban frente al toro dándole todas las ventajas al animal, y librándose siempre en el ultimo instante de una cogida segura. Pablo hizo gala de una manta fabulosa y no falló ni un solo rejón, clavó todas las veces, y a sus dos toros los despachó con sendos rejones de castigo fulminantes que acabaron en segundos con la vida de los toros. En el primero dos orejas y en el segundo una, salió a hombros por la puerta grande.
Cayetano, que así se anunciaba en los carteles, sin apellido alguno, demostró una gran madurez pese a las pocas corridas que lleva como novillero. Muy buenas formas, un saber hacer las cosas despacio, con los terrenos muy bien cogidos y dejando los espacios al toro... poses muy toreras, y buen manejo de la muleta. Quien lo veía comentaba que se le notaba que este chico había sido criado al lado de una plaza de toros, y que lo llevaba en la sangre... a este tipo de hombres en las transfusiones les deben poner sangre de toro de lidia. Fulminante con la espada en el segundo y bien en el primero. Se llevó una oreja en su primer toro, y las dos en el segundo.. también salió a hombros.
El local, de Alagón, estuvo correcto, puso todo de su parte, y pese a no estar a la altura de los otros compañeros de cartel, cumplió. En su segundo toro, le cortó una oreja, que el publico le concedió con bastante generosidad más por sus ganas e ilusión que por lo que realmente había hecho en la plaza.
Este es el análisis de una gran tarde de toros que vivimos ayer en Zaragoza, con la plaza llena hasta la bandera, sin un solo hueco libre porque en el cartel estaba anunciado Pablo Hermoso de Mendoza, y todo el mundo sabe que este hombre por sí solo ya te asegura un gran espectáculo.
Pues el motivo del titulo de este artículo es que ayer había convocada una manifestación antitaurina, a las 5 de la tarde frente a la entrada de la plaza de toros. Un grupillo de no más de 300 personas, se congregaron allí exhibiendo carteles varios, y comenzaron a insultar a los asistentes a la corrida. Yo pasé con mi mujer, con gran ilusión por la tarde que esperaba... y atravesé un pasillo protegido por la policía en el que se me acusó se violento, ASESINO, sádico, y se me amenazaba con cortarme las orejas.... la mayoría de los que atravesaban el pasillo, lo hacían con paso ligero y haciendo como que no oían los sonoros pitidos y gritos que la turba lanzaba... por lo que decidí sonreírles y agradecerles el recibimiento, cosa que pareció enfurecerles sobremanera ya que arreciaron las pitadas y los gritos de la turba vociferante.
Mi reflexión es que su derecho a manifestar su disconformidad con las corridas de toros acaba donde empieza el mío a ir a verlas. Yo no he de tolerar que una pandilla de ........ (rellénalo como quieras) me insulte a mi por ir a los toros, igual que yo no les insulto si van a un concierto de Ramoncín, por extraño que a mi me pueda parecer ir a verlo.
Realmente tenía ganas de toros y no de follones, y mi mujer me retuvo porque ya iba a dirigirme a un policía nacional para que me identificase a una señora muy fea de mediana edad que era la que con mayor virulencia me llamaba asesino, a la que iba a denunciar por afrentar a mi honor. Yo no he matado a nadie, y si alguien me llama asesino, que lo defienda delante de un juez.... mi mujer me detuvo, con bastante juicio, y me fui a los toros a disfrutar de una tarde inolvidable.
Cuando salí de la plaza, me acordé de alguno de los vociferantes, y pensé que si hubiesen visto lo que había pasado esa tarde en la arena de la plaza, y la hermosura de lo que allí se había visto.... al menos uno o dos, quizás... hubiesen cambiado de opinión.... o quizás no, quien lo sabe; y en cualquier caso... ellos fueron los que se perdieron la mejor tarde de toros que yo he visto en los últimos años.